El joven rico
Muchos de nosotros podemos recordar haber deseado algo desesperadamente cuando éramos niños—un juguete muy apreciado o un artículo raro de colección. Tal vez incluso estuvimos dispuestos a hacer un intercambio, pero cuando llegó el momento, el precio parecía demasiado alto. Miramos lo que ya valorábamos, aquello por lo que habíamos trabajado, y pensamos: “Por mucho que quiera eso, simplemente no puedo soltar lo que tengo.” De manera similar, todos venimos a Jesús con las manos llenas. Llenas de nuestros logros, nuestras posesiones, nuestros planes y nuestras prioridades.
Cuando nos encontramos con Cristo, Él nos pide suave pero firmemente que aflojemos nuestra mano y dejemos ir esas cosas. En Marcos 10 conocemos a un hombre que tenía todo lo que el mundo dice que deberíamos querer, y aun así se alejó de Jesús triste y afligido. Su historia es un recordatorio poderoso de que nuestra relación con Dios no se trata de lo que podemos acumular, sino de lo que estamos dispuestos a rendir para obtener lo único que realmente importa: la vida eterna a través de Jesucristo.
