De la curiosidad a la conversión
La curiosidad puede ser un poderoso catalizador para el cambio. Considera la historia de un conserje en la NASA durante la carrera espacial de la década de 1960 que, a través de una simple curiosidad, escuchó un debate entre ingenieros y ofreció una idea revolucionaria que mejoró el combustible de la misión Apolo. Su curiosidad lo acercó, su valentía lo hizo participar, y su pregunta llevó a un gran avance. Este es el poder de la curiosidad, y es la misma fuerza que llevó a un hombre llamado Zaqueo a la mayor transformación de su vida.
En Lucas 19, conocemos a Zaqueo, un hombre cuyo intenso deseo de ver a Jesús superó su dignidad, su reputación y los obstáculos en su camino. Su historia nos muestra que, cuando estamos lo suficientemente desesperados como para buscar a Jesús, nos colocamos en posición para un encuentro divino. Jesús no busca a los calificados ni a los justos; Él busca a los curiosos, a los que buscan y a los perdidos, listos para llamarlos por nombre y cambiar sus vidas para siempre.
